Grupo diverso participa en laboratorio de gobernanza en Barichara, Colombia.

Ciclo Vivo: laboratorio de gobernanza y acción colectiva

Ciclo Vivo: Cuando las ideas del territorio pasan a la acción

Ciclo Vivo es una iniciativa de la Fundación Barichara Regenerativa que busca convertir la planeación comunitaria en acciones concretas y sostenibles para el territorio. Más que apoyar proyectos aislados, el programa fortalece procesos colectivos de largo plazo, en coherencia con los ejes ambiental, educativo, económico, cultural y de sanación territorial que orientan el trabajo de la Fundación.

Su misión esencial es fomentar una gobernanza participativa en Barichara a través de encuentros significativos, alineados con el calendario ecológico. El principio de diseño parte de una idea clara: articular los procesos sociales con los ciclos de la naturaleza para generar confluencias a favor del cuidado de la vida. A esa confluencia intencional entre comunidad y territorio la llamamos gobernanza participativa.

De La Siembra a Ciclo Vivo

El 22 de marzo de 2025 inició la primera fase de este proceso, en ese momento llamado Ciclo de Regeneración: Tejiendo vínculos, con un encuentro denominado La Siembra. Este espacio fue el resultado de una investigación previa realizada por la Fundación para reconocer las organizaciones, iniciativas y capacidades existentes en Barichara.

En ese primer encuentro participaron cerca de 60 personas, representantes de 29 organizaciones. El objetivo fue conocerse, compartir lo que cada proceso venía desarrollando y empezar a construir redes de trabajo conjunto.

Ese momento marcó el inicio de una ruta que hoy continúa bajo el nombre de Ciclo Vivo, ya en su segunda fase.

Articulación con el Foro Ciudadano EOT

En esta nueva etapa, Ciclo Vivo se articuló con el Foro Ciudadano EOT Barichara 2025, con el propósito de acompañar acciones concretas propuestas por la comunidad y que no dependen directamente de la institucionalidad. El reto era claro: que las ideas, acuerdos y propuestas construidas colectivamente no quedaran en el papel, sino que encontraran caminos reales de implementación.

De este cruce entre planeación participativa y acción territorial surgieron cinco iniciativas piloto:

Escuela del Agua. Un proceso educativo y técnico para la restauración del ciclo hídrico.

Ruta del Arte. Enfocada en fortalecer el tejido cultural en zonas rurales.

Fondo de Restauración del Ciclo del Agua / Sello de confianza. Orientado a promover y estandarizar prácticas regenerativas.

Aguas Cristalinas, Acueducto Comunitario, centrado en la gestión social del agua.

Centro de Transformación Productiva, con Casa Común, que busca fortalecer la economía campesina.

Cada una de estas iniciativas responde a desafíos concretos del territorio y, al mismo tiempo, se entiende como parte de un sistema más amplio. No son esfuerzos aislados. Son procesos que dialogan entre sí y que encuentran en la colaboración su mayor fortaleza.

Encuentro para activar fondos y alianzas

Como parte de este proceso, el 14 de febrero de 2026 se realizó un encuentro en el que las iniciativas presentaron sus avances, identificaron posibles alianzas, tomaron decisiones sobre la orientación de recursos y contaron con el acompañamiento de mentores de la comunidad.

El objetivo central fue la activación y administración solidaria de fondos. Más que una reunión técnica, fue un ejercicio práctico de gobernanza compartida. Las y los líderes expusieron sus procesos, escucharon a otros y participaron en una dinámica de asignación participativa de recursos.

Inspirada en la teoría de sistemas vivos de Gregory Bateson, la metodología propuso que no fuera una autoridad externa quien decidiera el presupuesto, sino los mismos participantes, a través de un sistema de tokens equivalentes a dinero.

La ruta incluyó varias fases:

1. Presentación de visiones (pitch): cada proceso compartió en ocho minutos su propósito y las acciones catalizadoras que proponía para el territorio.
2. Distribución solidaria: cada iniciativa recibió tokens que debía asignar a otros procesos, reconociendo el valor del trabajo ajeno.
3. Ronda de balanceo: se abrió un espacio para redistribuir recursos y corregir posibles desequilibrios.
4. Ronda de alianzas: entre 5 y 11 millones de pesos se destinaron exclusivamente a fortalecer sinergias entre dos o más procesos.

Al cierre del ejercicio, la asignación presupuestal final para cada iniciativa osciló entre 9 y 11 millones de pesos, además de los recursos destinados a alianzas.

Más allá de los recursos, fortalecer el tejido

Grupo reunido en Barichara, Colombia, discutiendo gobernanza y acción colectiva, parte del laboratorio Ciclo Vivo.

Si bien hubo una distribución económica concreta, el resultado más significativo fue el fortalecimiento de la confianza comunitaria. El poder de decisión se trasladó del financiador al tejido social, generando una experiencia directa de corresponsabilidad.

El proceso también consolidó una red de mentores locales: habitantes con experiencia que aportan conocimientos y acompañamiento no financiero para dar seguimiento y solidez a las iniciativas. De esta manera, la rendición de cuentas se plantea de forma horizontal ante la comunidad, no solo de manera vertical ante una institución.

Con la firma de los acuerdos de colaboración y el desembolso de los fondos, Ciclo Vivo inicia ahora una fase de acompañamiento y aprendizaje continuo. El propósito es que los acuerdos construidos colectivamente se traduzcan en acciones reales, fortaleciendo el tejido social, la gobernanza compartida y la sostenibilidad de los procesos.

En Barichara, este laboratorio sigue en marcha. Cada proceso es una semilla, y el territorio es el suelo común donde esas semillas crecen juntas.

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